Llorando decubrí lo solitaria que puede llegar a ser la vida de uno. Ese frío que nadie se digna a transformar en calor humano, ese espacio vacío entre el aire y el cuerpo de uno. Ese hueco inmerso en nuestros adentros, que ni palabras ni mil noches en vela pueden cubrir. Una herida abierta que nunca podrá ser curada. Para permanecer, doliéndonos cuando somos vulnerables, cuando el mundo corre en un sentido distinto que el nuestro. No soy partidaria de la felicidad constante y rutinaria que muchos dicen sentir, la vida no es felicidad, la vida es sufrir y sobrevivir para contarlo. Al estar solos, somos fáciles de derribar, nos convertimos en personas manipuladas por el supuesto destino que la vida nos asigna. La verdad, está en que cada uno se auto-asigna un futuro, el mismo que uno elige para sí. Cuando cerrás la puerta de tu habitación o esperás a que la casa de vacíe de gente para llorar, la soledad te engaña con un pretexto de amor que termina en odio. Al fin y al cabo, llorando descubrí lo poco que uno se gasta en vivir y lo mucho que se puede llegar a desear morir.
pateticoolandiaa
pateticoolandiaa

No hay comentarios:
Publicar un comentario