viernes, 2 de abril de 2010


Confieso haber besado ya mil labios distintos, confieso haber perdido la noción del tiempo y espacio. Debo aclarar que olvidarme junto con tu recuerdo no fue algo que deseé sino más bien, algo de lo que no me pude prevenir ni evitar. Cada cara, de cada hombre distinto, me dice algo de vos (palabras, susurros o incluso, silencios) y por dolor o pesadumbre, los dejo atrás como cuando un alcohólico deja un vaso al acabarlo y pide al barman más de lo mismo. No me canso de probarte. De demostrarme que no hay nadie como vos, y con un estilo de mezcla entre sufrimiento y encanto te sigo buscando. Cansada y toda hecha cicatrices, te busco aún sabiendo que existe la posibilidad de no encontrarte. Porque aunque a veces parezca irreal y estúpido, creo en vos y en todas aquellas cosas que nos unen e incluso, en aquellas que nos hacen distintos. Muchas veces me he cuestionado si a vos te pasará lo mismo con las últimas chicas con las que hayas estado. Me pregunto…si será que siquiera me extrañas. Te siento, en aquellos brazos de los hombres que sanan tu ausencia y te veo, en aquella luna que a veces, simula y engaña, diciéndome sin palabras que algún día llegarás a mí. Y sonrío, enredada en mis problemas, en tu presencia casi omnisciente y en las caricias de todos los que se atreven a mirarme a los ojos fijo y acercarse. Sabes de mí, todo aquello que incluso yo no conozco y eso… te vuelve tan mío y de nadie más. Tan propio y ajeno a la vez. Tan cercano y lejano. Me obligo a cambiar la voz de aquellos que me hablan por la tuya para no sentirme tan sola y dejada. Para hacerme creer que nunca te fuiste y que de alguna extraña y retórica manera seguís acá, conmigo. Fuerte y sabio, dolido de alma y frío de corazón. Como yo te amo y necesito. Como sos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario